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Cuaderno de Notas | Casto Ocando: Las sanciones golpean, y golpean duro

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Cuaderno de Notas | Casto Ocando: Las sanciones golpean, y golpean duro

El anuncio de las sanciones del Departamento del Tesoro contra tres hijos de Cilia Flores no los agarra desprevenidos pero los golpea por segunda vez. La primera estaba relacionada con la investigación criminal en Estados Unidos sobre los $1,200 millones de presuntos negocios falsos con Pdvsa.

No solo verán restringidas las operaciones en el sistema financiero internacional —en dólares y euros- de los tres primeros hijos y sus familiares -esposas, primos, amigos y relacionados-, una red familiar ampliamente identificada gracias a numerosos testigos.

También los pone en la mira de la fiscalía federal norteamericana, que ya tienen expedientes en su contra posiblemente presentados ante un Gran Jurado de la Florida. La jugada sube el costo al apoyo interno de Maduro. Convierte a los tres en “capturables” en cualquier país aliado de Estados Unidos.

Es el círculo que se cierra. Otro sancionado clave, como lo anticipamos en esta columna, fue Alex Saab junto a su socio Alvaro Pulido, identificados como testaferros de Nicolás Maduro. Ambos tienen ya públicamente una acusación federal en la corte del Distrito Sur de la Florida, en Miami, gracias a que tres de sus socios -anónimos por ahora- ofrecieron información crucial para acusarlos.

Estos tres socios suministraron datos suficientes para que los fiscales congelaran unos $12.5 millones pertenecientes al duo Saab-Pulido. Entre las pruebas hay conversaciones grabadas desde Miami, contratos, operaciones, evidencias de pago de sobornos a funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana, el Seniat y Cadivi, y los nombres de estos funcionarios.

En juego están unos $350 millones que los fiscales dicen que Saab-Pulido obtuvieron pagando sobornos en Venezuela. La investigación viene al menos desde 2011. Durante años Saab contrató los mejores bufetes para negar que había obtenido su fortuna mediante actos de corrupción. Pero ahora no puede negarlo. Otro ángulo que aún está bajo investigación: la relación de Saab, natural de Barranquilla, Colombia, con la ex senadora colombiana Piedad Córdoba.

Según me dicen fuentes, hay manifiestos de vuelos en los tres aviones que Saab y Pulido controlaban, donde supuestamente aparece el nombre la exsenadora, en viajes a destinos como París y Caracas. Esta información no pudo ser confirmada de forma independiente. Los tres testigos que hablaron contra Saab y Pulido, todos residentes en Miami, están bajo custodia, y están ampliamente cooperando en las diversas vertientes de las investigaciones federales.

El otro sancionado clave, el exgobernador de Táchira Luis Vielma Mora, era una asignatura pendiente. Siendo gobernador, controlaba el contrabando de alimentos y gasolina hacia Colombia, y decir que se enriqueció a manos llenas es poco. Varios de sus socios, entre ellos su compadre Oscar Faría, operaron por años en Miami.

La lista de las próximas sanciones apuntan a operadores financieros y políticos, entre ellos varios que participaron según la inteligencia norteamericana en una operación de descrédito masivo del presidente encargado Juan Guaidó. Los hechos hablarán por sí solos.

Cilia, el oro y el cash

Tras las sanciones impuestas por el Departamento del Tesoro a los tres hijos de Cilia Flores y al gran testaferro del entorno madurista -el colombiano Alex Saab-, entre otros operadores, se pone de relieve el papel de la Primera Combatiente en los negocios de corrupción y lavado de dinero bajo investigación federal. Pero no es la primera vez que Cilia Flores y su familia ha estado bajo la mira de los sabuesos norteamericanos.

En 2014, en una investigación sobre contrabando de oro entre Venezuela, Curazao y Ecuador, salió a relucir el papel de Cilia la compra venta de oro y dinero en efectivo. Uno de los testigos, un ecuatoriano que mantenía negocios de oro en Curazao y que viajaba con frecuencia a Caracas a buscar dólares en efectivo -convenientemente organizados en maletas especiales- detalló a los investigadores cómo Cilia mantenía al menos dos bóvedas en dos grandes bancos venezolanos, en los que guardaban “montañas de dólares en efectivo” que alcanzaban varios metros de alto.

Las bóvedas, controladas por Cilia, contenían dinero en efectivo presuntamente producto del tráfico de drogas, que era trasladado desde México y Estados Unidos a Venezuela por una flotilla de aviones privados, en envíos de carga marítima o simplemente ataviados al cuerpo de personas enviadas para los efectos. Se desconoce si los bancos permitían las operaciones en efectivo a sabiendas o bajo órdenes del Banco Central de Venezuela, cuyos directivos estaban complicados en las operaciones.

Las únicas personas de confianza de Cilia que tenían conocimiento y acceso a las bóvedas eran sólo sus hermanos, uno de los cuales, Vladimir Flores, trabajaba como inspector del CICPC (el equivalente venezolano al FBI) y había sido acusado por la DEA de cooperar con narcotraficantes en el famoso jucio a los Narcosobrinos. Vendrán más acusaciones contra el entorno íntimo de Cilia y Nicolás.

Vladimir Padrino Vs. Jesús Suárez Chourio

Circulan numerosos, ilustrativos y no bien intencionados rumores sobre la salida del general Jesús Suárez Chourio, ex guardaespaldas personal de Chávez, su perro fiel, que luego pasó a la Comandancia General del Ejército gracias a su imagen de duro de la revolución.

Lo describen como corrupto de siete suelas, propietario de media docena de fincas, de beneficiarse a manos llenas de su puesto, y de permitir que su esposa una civil que no ostenta ningún distinción militar, ejerciera funciones de mando como una generala de la vieja estirpe.

Ciertos o no, estas descripciones le caben no sólo a Suárez Chourio, sino quizá a docenas de altos oficiales que hoy comandan la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Sin embargo, las verdaderas razones tienen que ver con la lucha de poder que ha desatado el general Vladimir Padrino, inexplicable e irregularmente ratificado como ministro de Defensa.

Padrino ordenó una operación secreta de espionaje contra Chourio para preparar un informe y buscar hacerlo a un lado en la competencia de ambos por el poder o lo que queda de él en el sector militar venezolano. Según fuentes conocedoras de la operación, durante las semanas previas a la operación del 30 de abril pasado, en la que se esperaba un levantamiento militar auspiciado por el mismísimo Ministro de la Defensa, Suárez Chourio también estaba trabajando en sus propios contactos, sin informarle a Padrino.

Los movimientos del entonces Comandante del Ejército estaban monitoreados por un equipo especial de la Dirección de Inteligencia Militar que sólo rendía cuentas a Padrino. Según las fuentes, Suárez Chourio salió del país misteriosamente en un vuelo a Trinidad y Tobago, donde sostuvo un encuentro con un ex militar venezolano que actualmente reside fuera de Venezuela, y que es considerado enemigo por el régimen.

En el encuentro se discutieron temas relativos al descontento militar y la posibilidad de un alzamiento con apoyo norteamericano. Suárez Chourio escuchó atentamente, hizo varias preguntas, y pidió tiempo para dar una respuesta. Al oficial le ofrecieron beneficios si ayudaba a organizar un movimiento militar para sacar a Maduro del poder. Le informaron que otros militares ya estaban en la movida, incluyendo Padrino. Según la fuente, el ex militar venezolano las preguntas de Suárez Chourio tenían el objetivo de averiguar más sobre las acciones militares.

Tras el encuentro, Suárez Chourio retornó a Caracas y no respondió llamadas del ex militar. “Se enculilló”, dijo una de las fuentes. Padrino aprovechó para documentar el viaje y otras canas al aire de Suárez Chourio en un detallado informe que presentó a Maduro para enfatizar la necesidad de cambiarlo de posición porque no era confiable.

La estrategia produjo resultados. Según las fuentes, Padrino ha venido aplicando frecuentemente una estrategia de espionaje y factura de informes de inteligencia para desacreditar y neutralizar a sus adversarios.

La Falsa Invasión

Diosdado Cabello acaba de predecir que es altamente probable que los marines norteamericanos invadan a Venezuela. Como lobo vistiéndose de cordero, declaró en encuentro del Foro de Sao Paulo en Caracas: “somos poquitos, un país pequeño, somos humildes, muy humildes”, dijo, con la obvia intención de presentar el conflicto de la dictadura de Nicolás Maduro contra Estados Unidos como una pelea de David contra Goliat. Pero luego añadió una amenaza que se parece más al Cabello atorrante al que están acostumbrados los venezolanos: “el problema para los va a ser salir de aquí de Venezuela”. La estrategia es vieja.

Atizar las denuncias de posibles invasiones como una campaña organizada precisamente para evitar que ocurran. Lo hizo Fidel Castro en numerosas ocasiones. Lo denunció Chávez no pocas veces, una de las más memorables en 2005, cuando dijo que Estados Unidos preparaba la invasión con el envío del portaaviones George Washington a Curazao, como parte del presunto plan “Balboa” de invasión a Venezuela, que a la larga no resultó más que un invento de los propagandistas de La Habana. En ese momento Chávez dijo: “si el gobierno estadounidense nos ataca, se meterá en una guerra de 100 años”.

Lo cierto es que el prospecto de una invasión con Marines no sólo es improbable sino inconveniente en el marco de la campaña electoral para las presidenciales de 2020. Tendría costos -tanto políticos como económicos- para lo cual no hay “apetito” en Estados Unidos.

Lo que no ha dicho Diosdado es que la invasión podría ser de fuerzas venezolanas y latinoamericanas -con apoyo oficial o privado-, un escenario que el Comando Sur no ha descartado en sus ejercicios simulados de guerra, y donde el papel protagónico no estaría en Washington sino en Venezuela y en algunos países vecinos, claro está, con apoyo gringo.

Este es el escenario al que le teme Diosdado y la revolución bolivariana. Sobre todo porque los enemigos no están en el temible país del norte, sino a la vuelta de la esquina en Fuerte Tiuna, o en los alrededores del palacio presidencial de MIraflores.

El despilfarro militar de $15,000 millones

El talante guerrerista del régimen de Nicolás Maduro, con los constantes llamados a una supuesta guerra popular u los entrenamientos tragicómicos de millones de supuestos reservistas, es la herencia directa que el comandante intergaláctico Hugo Chávez insufló desde el inicio de su revolución. Pero también es el resultado del despilfarro de más de $10,000 millones que se destinaron a la compra de armamento ruso y chino para presuntamente proteger la soberanía de Venezuela.

El resultado fue todo lo contrario, un discordio de corrupción que engrosó los bolsillos de muchos revolucionarios, y la adquisición de costosos artilugios bélicos que ahora son poco más que chatarra para llevar a cabo una eficaz guerra convencional.

Por ejemplo, la negociación para adquirir 24 Sukhoi SU-30MK2 en 2006 por un total de $2,200 millones (unos $92 millones cada uno), fueron dirigidas por el entonces vicepresidente José Vicente Rangel, que envió intermediarios a Rusia para exigir una jugosa comisión, según denunciaron las propias autoridades rusas en su momento. Maduro ordenó la compra de otros 12 adicionales en 2015 a un costo de $480 millones (unos $40 millones cada uno, la mitad del precio al que fueron adquiridos en 2006), pero estos nunca llegaron. En total, entre Chávez y Maduro endeudaron al país por más de $10,000 millones en armas rusas, entre ellas 192 tanques T-72B1V, 130 tanques antimisiles BMP-3M con cañones de 100 y 30 milímetros, 36 lanzacohetes BM-21 y BM-30, 48 lanzacohetes móvil 2S19 MSTA, varias docenas de helicópteros de transporte Mi-17 con armas de ataque nocturno Mi-35; 2 sistemas de misiles tierra-aire S-300VM con capacidad para atacar aviones a 124 millas de distancia; y varios sistemas S-125 Pechora, Buk y Tor para defensa antiaérea de rangos medios y cortos.

A partir de 2005, Venezuela adquirió 100,000 rifles AK-103, lanzagranadas RPG-7 y sistema de misiles móviles Igla-S, que puede ser manejado por una persona y con capacidad de lanzar misiles antiaéreos (se estima que Venezuela adquirió 5,000 de estos lanzamisiles portátiles parte de ellos fueron distribuidos entre colectivos y otros grupos irregulares para el evento de una invasión).

China le vendió a Venezuela a una cifra no conocida, una docena de aviones de carga Y-8 (comparable al C-130 norteamericano), 24 jets de entrenamiento de combate K-8, y docenas de unidades anfibias APC para la marina venezolana. Otros planes para adquirir helicópteros antisubmarinos Z-9 y jets de ataque ligero L-15 fueron suspendidos por falta de pago.

Según expertos norteamericanos, todo el poderío que Chávez primero, y luego Maduro compraron a rusos y chinos, sino contar con los miles de millones que gastaron con proveedores españoles y otros, desde el punto de vista convencional representaría sólo un “obstáculo menor” para las fuerzas militares norteamericanas. Un verdadero desperdicio.

La DEA en Venezuela

El congresista opositor exilado Richard Blanco acaba de hacer un llamado al gobierno encargado de que solicite el ingreso de la agencia antinarcóticos norteamericana DEA a territorio venezolano, “para que se lleve a los narcotraficantes”, refiriéndose al régimen de Nicolás Maduro.

Específicamente dijo que le había pedido al embajador del presidente Juan Guaidó en Washington, Carlos Vecchio, que transmitiera la solicitud a Washington. La buena noticia es que, como hemos dicho antes en esta columna, varias decenas de operativos de la DEA se encuentran ya presentes en Venezuela desde hace varios meses, en coordinación con agencias antinarcóticos de otros países -principalmente España y el Reino Unido-, y en conjunto con agentes infiltrados de la inteligencia colombiana.

La información sobre los puntos de ingreso y salida de la droga, y sobre la ubicación de centros de almacenamiento de materia prima (pasta de coca), fabricación (laboratorios) y dinero en efectivo, es muy fluida y bien precisa, con coordenadas geoespaciales y demás yerbas.

Tienen todo: altos militares responsables, rutas nuevas (hacia Suramérica), fincas y casas donde se guarda el efectivo, los aviones que vuelan semanalmente a Cuba, Honduras, El Salvador. Las salidas vía Perú. La vuelta al Cabo de Hornos en barcos petroleros hacia España y Europa.

La impaciencia del Comando Sur

No está hasta donde participará militarmente Estados Unidos en Venezuela para sacar a Maduro. Pero la impaciencia de comandantes y operativos es notoria. “Estamos cansados de analizar los escenarios. Queremos acción”, confiesa un oficial que ha participado en numerosos “juegos de guerra” virtuales ejecutados en Venezuela. Todos los detalles han sido tomados en cuenta. “Sólo esperamos la luz verde desde Washington”.

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