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El historial de controversias de Osmel Sousa

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El historial de controversias de Osmel Sousa

Acusaciones de explotación sexual y hasta racismo plagan el concurso de belleza venezolano por el cual a Sousa se le conoce como el «Zar de la Belleza».

Redacción | Primer Informe

En febrero de 2018, Osmel Sousa, conocido porque durante décadas estuvo detrás del Miss Venezuela, renunció a presidir esa organización. Sousa alegaba diferencias irreconciliables con otros directivos de esa empresa asociada con el poderoso Grupo Cisneros en Venezuela.

Sin embargo, un mes después de su renuncia, un escándalo de corrupción y hasta de una posible red de prostitución, obligaba al cierre temporal del concurso.

«Se ha tomado la decisión de iniciar una revisión interna para determinar si algunos de sus relacionados, durante el curso de sus gestiones, ha incurrido en actividades que quebranten los valores y la ética del certamen”, explica un comunicado del Grupo Cisneros Media.

Sousa ha estado en el centro de la controversia recientemente por la fiesta celebrada por un empresario allegado al chavismo sobre de un tepuy protegido. Sobre todo, luego de la desafiante actitud que ha tenido respecto a las críticas que recibió por participar en el cuestionado evento.

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Empiezan las acusaciones contra el Miss Venezuela

En 2018 tomaron notoriedad testimonios de exparticipantes del Miss Venezuela que relataba como tuvieron que prostituirse para poder participar en el certamen.  Algunas concursantes, comenzaron a narrar sus experiencias de acoso o delitos aún más serios.

La periodista venezolana Ibéyise Pacheco escribió una una novela sobre concursos de belleza, prostitución y la corrupción gubernamental en Venezuela. Pacheco ha contado que habló con exparticipantes que variaban entre las dispuestas a participar en estos tratos sexuales hasta aquellas que “prácticamente eran esclavas”.

Sousa queda atrapado en medio de ese escándalo. Algunas de las exparticipantes dicen que Sousa o sus asistentes las presionaban para ser acompañantes o amantes de políticos y empresarios.

A cambio, las modelos recibían financiamiento para participar en el concurso. Algunas acusaciones señalan al «Zar de la Belleza», como se conoce a Sousa en Venezuela, de organizar las transacciones y ser intermediario entre los hombres y las concursantes.

Los «benefactores» de las misses

Algunas de las misses se negaron a esos tratos. Otras aceptaron. Y algunas hasta se casaron con sus supuestos «benefactores».

Debora Menicucci conoció a Sousa cuando representó a Venezuela en el concurso Miss Mundo de 2014. En aquella época Sousa le habría presentado a su futuro marido, Maikel Moreno, el actual presidente del Tribunal Supremo chavista.

En medio de las acusaciones por prostitución Sousa se defendía diciendo: “Mis riquezas son en recuerdos, mis millones son en aplausos y mi mayor satisfacción es el éxito y proyección que el evento le dio a innumerables mujeres venezolanas”.

La explotación de las participantes del concurso de belleza parece haberse vuelto más extrema en años recientes. Pero el sexo siempre fue parte de la cultura del concurso.

Desde hace décadas han circulado rumores de que se presionaba a las participantes para que hicieran favores sexuales a los patrocinadores.

Ofrecían pagar el vestuario y las clases de dicción. También corrían con los gastos de las operaciones cosméticas que eran obligatorias para participar en el certamen. Entre ellas: trabajo dental e implantes de senos.

El medio venezolano Efecto Cocuyo, uno de los que investigó en profundidad el fenómeno, decía que los meses de preparación pueden costar hasta 32.000 dólares.

Algunos de los casos más prominentes

La famosa actriz y modelo venezolana Patricia Velásquez, participó en el concurso Miss Venezuela en 1989. Entonces tenía 18 años. «…entendí que para poder pagar los gastos del concurso Miss Venezuela tendría que usar mis dones con el fin de encontrar un patrocinador”.

El que encontró era un hombre veinte años mayor que ella. El «mecenas» pagó sus gastos, incluyendo implantes de senos y un apartamento en Caracas. “En esencia, se convirtió en mi novio”, recordaba Velásquez en su libro de 2015 «Sin tacones, sin reservas. Diario de una supermodelo en búsqueda de su verdad». Su historia, sin embargo, causó poco revuelo en su momento. Después, el libro se convirtió en una confirmación de las denuncias de las misses.

Racismo en el Miss Venezuela

Un aspecto menos reconocido de sus memorias es la forma en la que revela la tensa historia racial del concurso.

De ascendencia wayuu, Velásquez es una de las pocas mujeres indígenas o afrovenezolanas que han tenido éxito en la competencia. Su libro incluye una anécdota en la que Sousa le dijo que necesitaba una operación en los ojos, supuestamente para verse más caucásica.

Otro testimonio clave ha sido el de María Gabriela Isler, Miss Universo 2013. Dijo que en repetidas ocasiones se opuso a las exigencias de hombres, a los que llamaba “tiburones”.

Pero planteaba que era difícil no ceder ante esas presiones. “Tienes 18 años, vienes del centro del país, te ofrecen villas y castillos; tú no sabes qué es lo bueno o lo malo ni piensas en el futuro, sino que piensas en lo cercano, lo rápido y lo fácil”, dijo.

Con información de The New York Times y El País.

 

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