Análisis

ANÁLISIS: Los avatares de la libreta de abastecimiento en Cuba

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ANÁLISIS: Los avatares de la libreta de abastecimiento en Cuba

«Han pasado cincuenta y nueve años y aún permanece la “maldita”, pero ahora nos enteramos que el año próximo no nos entregarán una nueva, que tenemos que seguir con esa que manoseamos y manosearon los bodegueros durante todo un año».

Jorge Ángel Pérez | Cubanet

Me hace feliz comprobar que aún conservo intacta la “memoria lejana”, esa que tiene que ver con sucesos de mi infancia, sobre todo si cada día constato que la memoria inmediata o cercana, como algunos la llaman, se resiste a permanecer con cierta dignidad, y se hacen frecuentes los olvidos. La otra, la que recuerda sucesos más lejanos en el tiempo, goza de buena salud, está intacta por ahora, al menos eso creo.

Gracias a esa, aún en buen estado, memoria lejana, estuve recordando un suceso de mi juventud de los que fui testigo, al menos testigo auditivo o “testigo de oídas”. Recordé hoy, y muy bien, el escándalo de una señora que era mi vecina, y los insultos que le prodigara a uno de sus nietos, creo que el menor de todos. La razón del pleito era un tanto escatológica, y quizá indecente para algunos.

La razón del escándalo que mantuvo en vilo a todo el vecindario tenía que ver con la libreta de abastecimiento. Resulta que la señora reclamaba a “grito pela’o” después de descubrir en el cesto de papeles sucios, y muy embarrada, una hoja de la libreta de abastecimiento; y, para colmo, esa hoja ya ausente de la libreta era la que le garantizaba a la señora una dieta de alimentos adicionales por cierto padecimiento. La señora era diabética.

Yo no veía, sólo escuchaba, pero por la chillería pude suponer a la señora blandiendo el papel embarrado y exigiendo una confesión. Ella quería saber la identidad del culpable. Ella chillaba y chillaba, ella lloraba, y yo cantaba, bajito y como Silvio Rodríguez, “si capturo al culpable de tanto desastre lo va a lamentar”. Lo malo es que la señora nunca supo la identidad del malhechor, y por aquel desastre se quedó sin la dieta ese mes.

El hecho, relatado así, parece gracioso, gozoso incluso. El hecho puede provocar una carcajada, pero en verdad es patético, es muy triste saber que una anciana se quedaría sin su dieta del mes porque en el baño de su casa no había papel higiénico, y uno de sus nietos tuvo que recurrir a una hoja de la libreta de abastecimiento para limpiarse el trasero. Una historia como esa, más que festiva, es dramática. Es triste el país que ni siquiera es capaz de garantizar el “buen aseo”. Es triste pensar que unos barbudos hicieron una guerra y tomaron el poder y no consiguieron garantizar ni higiene anal ni alimentación decorosa, estable.

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Es triste que un país no garantice la higiene anal y ninguna otra, sobre todo la higiene mental, que ahora se resentirá aún más. Resulta que acabamos de enterarnos de que, por escasez de papel, de cartulina, tendremos que usar el próximo año la misma libreta de abastecimiento del año pasado, que los bodegueros tendrán que ingeniárselas para hacer anotaciones nuevas durante todo el 2022 sin confundirse, sin enredar sus neuronas para identificar con precisión si ese “consumidor” que tiene delante ya “sacó sus mandados”.

Más de sesenta años transcurrieron desde que bajaron los barbudos y desde que se creara la libreta de racionamiento. En fecha tan lejana como el 12 de marzo de 1962, cuando yo ni siquiera había nacido, Fidel Castro anunciaba, mediante un decreto, la libreta de abastecimiento. Han pasado cincuenta y nueve años y aún permanece la “maldita”, pero ahora nos enteramos que el año próximo no nos entregarán una nueva, que tenemos que seguir con esa que manoseamos y manosearon los bodegueros durante todo un año.

Ahora nos asustamos pensando que el carnicero, el bodeguero, el del puesto de viandas al que jamás llega nada, podrían “confundirse” y hacernos creer que ya cogimos las papas, que ya nos comimos el pollo, que el arroz debe estar en nuestras deposiciones y en alguna fosa, mal oliendo. Ahora tendremos que usar la misma del año anterior, y asegurarnos que junto al inodoro tengamos papel higiénico o algunas hojas del Granma, para que algún niño de la casa, o un anciano, no decida usar una vieja hoja de la libreta de abastecimiento para limpiar los restos de nuestras deposiciones. Creo que con el papel que usan para hacer el Granma habría bastado para conseguir las “libretitas”, y nos habríamos ahorrado un montón de disgustos.

El 12 de marzo del año que está por llegar la libreta de abastecimiento, esa que Pánfilo exhibe en la pared de su casa, enmarcada y protegida por un cristal, cumplirá sesenta años. La libreta de abastecimiento llega a la tercera edad sin desaparecer, y ahora nos enteramos que será reutilizada, reciclada. Y muchos nos preguntamos hasta cuándo.

Muchos aseguramos que esa libreta es uno de los más grandes ridículos de una “revolución” que no fue capaz de acabar con el racionamiento que instauraron los mismos que gestaron esa “revolución”, y que sigue corriendo el riesgo de terminar embarrada y en el cesto de papeles sucios, como sucedió a aquella anciana vecina. Sin dudas la revolución es una libreta de racionamiento embarrada con…

Este artículo fue publicado por Cubanet, con el título ‘Los avatares de la libreta de abastecimiento‘.

 

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