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La pandemia dejó sin remesas a los venezolanos

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La pandemia dejó sin remesas a los venezolanos

El flujo de dinero proveniente de las remesas se reducirá drásticamente en 2020 poniendo en peligro la vida de millones de personas en Venezuela.

Redacción | Primer Informe

Los venezolanos residentes en el país se encuentran en una situación especialmente vulnerable respecto a su capacidad de proveerse ingresos suficientes para su sustento. En los últimos años, se calcula que un 35% de las familias, dependen exclusivamente de las remesas para subsistir.

De acuerdo con estimaciones del economista venezolano Asdrúbal Oliveros, las remesas de los venezolanos en el exterior se reducirán en 2020 en más de 50%. En 2019 el monto de las remesas recibidas en Venezuela alcanzó los  3.500 millones de dólares. Este año se espera que la cifra sea de $1.500 millones.

La diáspora venezolana, aproximadamente 5 millones de personas, ha proveído dinero para su familia en Venezuela. Pero muchos de los emigrantes de la nación trabajan en la economía informal y son más vulnerables a perder ingresos durante la crisis.

En 2018, se estima 40.000 venezolanos murieron por falta de acceso a alimentos y medicinas. (Foto: Roman Camacho/NurPhoto via Getty Images)

Además, decenas de miles han regresado a sus hogares, dejando más bocas que alimentar allí y menos trabajadores ganando dinero para ellos en el extranjero.

El mes pasado, organismos adscritos la ONU exhortaron a los reguladores gubernamentales y a los proveedores de servicios de remesas a tomar medidas para mejorar sus flujos entre las naciones, como reducir los costos de transacción.

Pero debido a las restrictivas políticas cambiarias de Venezuela y a su sistema financiero altamente inestable, los remitentes venezolanos se ven obligados a recurrir a métodos complicados de envío de dinero, menos fáciles de abordar mediante reformas simples.

«En Venezuela, prácticamente ninguna de las recomendaciones importa», dijo Manuel Orozco de la organización Diálogo Interamericano. «Lo que importa es proporcionar asistencia humanitaria que incluye apoyo en efectivo para ayudar a sus familias en Venezuela».

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Venezuela colapsada

Los indicadores de la economía venezolana son de terror. En seis años, la economía se ha reducido a casi una décima parte, con una contracción en del 88% en el PIB desde 2014.

Además, el país ha registrado un largo período de hiperinflación que destruyó por  completo el poder adquisitivo de los venezolanos.

El Centro para la Investigación Política y Económica, ubicado en Washington, DC., estima que en 2018, unos 40.000 venezolanos murieron por falta de acceso a alimentos y medicinas.

Los datos, de la venezolana Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida estima que las vidas de 300.000 venezolanos están en riesgo por falta de acceso a tratamientos médicos. 

La crisis del coronavirus afecta de manera especial a Venezuela de diversas formas. La pandemia encuentra al país con un sistema de salud prácticamente desmantelado, con cifras tan alarmantes como que 60% de los centros de salud públicos no cuentan con acceso a servicio de agua corriente.

Informalidad golpeada por la pandemia

Nelson Díaz es un farmaceuta venezolano que migró a Panamá, en donde no puede ejercer su profesión porque ese trabajo es reservado solo para los ciudadanos panameños. Díaz acaba de obtener una visa panameña pero todavía no tiene permiso de trabajo.

Se calcula que aproximadamente 150.000 venezolanos hacen vida en Panamá pero solo la mitad tiene residencia legal en el país.  Díaz es uno de los migrantes que se han visto obligados a recurrir a la economía informal, ahora devastada por las restricciones de COVID-19.

Con el advenimiento de la pandemia, y la imposición de los encierros, Díaz quedó desempleado. Su madre, Elizabeth Otero, que recibía semanalmente $100 de su hijo, vio como ese dinero se reducía a $10 en el último mes.

El soporte vital de Elizabeth se cortó. Tiene dos meses sin tomar el medicamento que necesita para regular su presión sanguínea y lucha contra un cuadro depresivo. Su  salud, mental y física, como la de millones de personas en Venezuela, están en peligro.

Tratamiento impagables

Según el Dr. Julio Castro, director de la organización venezolana Médicos por la Salud, este problema mortal no se ha resuelto, a pesar de la afluencia de ayuda y medicamentos de la Cruz Roja y las agencias de la ONU.

«El problema es pagar por los tratamientos», dijo Castro. Los medicamentos básicos para la hipertensión se pueden encontrar pero cuestan entre $80 y $100 por mes, mientras que aquellos que sufren de múltiples afecciones, como diabetes, enfrentan una factura entre $ 200 y $ 250 por mes.

Cerca del 70% de la población de adultos mayores del país depende de las remesas para sobrevivir. (Foto: Wil Riera)

Si experimentan una emergencia médica, la gran mayoría de la población se ve obligada a recurrir a la atención en los maltrechos hospitales públicos.  «La gente no tiene dinero para vivir. Creo que probablemente sea el peor de los casos para las personas en Venezuela», afirma el médico.

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Castro estima que menos del cinco por ciento de los venezolanos pueden pagar la atención en hospitales privados. Tres días de cuidado en uno de esos centros, afirma el médico,  vendrían con una factura de aproximadamente $5,000.

Los venezolanos mayores reciben una pensión mensual del gobierno de aproximadamente $3. Los médicos que trabajan en los hospitales, ganan solo un poco más de  $6 al mes. La disminución del dinero proveniente de la familia en el extranjero, solo empeora una situación ya grave.

«La gente no tiene dinero para vivir. Creo que es probablemente el peor de los casos para las personas en Venezuela», reflexiona Castro.

El año pasado, una encuesta de venezolanos mayores encontró que casi el 70% depende del apoyo de los miembros de la familia para las necesidades básicas. Luis Francisco Cabezas, de la ONG venezolana de salud Convite, que participó en ese estudio, afirma que esa población está privada de alimentos y medicinas, ahora más que nunca.

Incluso antes de la pandemia, más de seis de cada 10 informaron que deberían tomar medicamentos, pero que tienen dificultades para acceder a ellos.

Recientemente, Cabezas ha observado un marcado aumento en la mortalidad de la población a la que sirve. Dijo que dentro de uno de sus muchos programas, 11 personas sufrieron muertes prevenibles desde mediados de marzo debido a los efectos secundarios de la pandemia: falta de ingresos de familiares, escasez de gasolina e incapacidad para obtener medicamentos.

Un hombre mayor, recordó, murió de un ataque al corazón poco después de verse obligado a caminar 10 kilómetros hasta la cita con el médico.

Cabezas dijo que ha escuchado en repetidas ocasiones una versión del mismo mensaje de muchos de los lugareños mayores: «Si COVID-19 no me mata, la economía podría».

Con información de The New Humanitarian

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